“He tenido una buena carrera, pero no me gusta hablar mucho de mí; los chilenos lo encontramos altanero”
Después de unos meses lejos del fútbol, el DT regresó para salvar a los lilas. Lo está logrando, aunque la ambición crece y crece. “Nano” aprovecha el éxito de la segunda rueda para repasar su campaña y hablar del futuro. “La carrera del técnico es complicada: si no ganas en un tiempo determinado, desapareces”, reflexiona.
Cuando Fernando Díaz asumió la dirección técnica de Deportes Concepción, a fines de mayo, los lilas eran colistas del torneo con apenas 11 puntos en 13 partidos. Un kamikaze.
—¿Por qué lo hice? Porque mi pasión me gusta entrenar, es mi pasión. He dirigido equipos que han peleado arriba, otros que se arman para campeonar, en otras instancias había que salir del fondo… Son situaciones que ya he vivido. Y en general me gusta estar en la competencia, probarme, sentir la adrenalina. Había visto a Concepción, a sus jugadores, y pensé que había un tiempo prudente como para dar la vuelta a la situación —detalla el entrenador de 64 años.
“Nano” suma más argumentos: —Asumí porque es un equipo grande, con mucha trascendencia en el sur de Chile y en todo Chile en realidad, porque tiene mucha gente. Tanto así que en estos momentos, después de los grandes, viene Concepción en cuanto a asistencia… Pero la pasión es el motor principal.
—¿Igual era complicado, peleaba abajo.
—Es cierto que los jugadores lo estaban pasando mal, pero había visto a esos mismos jugadores hacer torneos muy buenos anteriores. Tuve a Misael Dávila en Unión, a Diego Carrasco en Coquimbo y a Mario Sandoval lo llevé a Unión. Había otros que siempre consideré interesantes como Ethan Espinoza, Matías Cavalleri, Joaquín Larrivey, Ariel Cáceres… Uno que me sorprendió fue Espinoza, importantísimo, que con 23 años puedes dar a lugar a alturas insospechadas por su capacidad de driblear y pasar rivales. Entonces uno dice, ‘mira, podemos girar si logramos convencer al plantel’. Son desafíos, sí, pero en algún momento de vuelta situaciones peores. Es un desafío importante cuando todos te dan por descendido o no te dan chance para pelear un campeonato. Y de repente te metiste arriba, o lograste pelear el campeonato o ir a copas, como pasó con Universidad de Concepción, con Ñublense. Son retos que los técnicos deben tener para ir probando su capacidad.
—Usted se jugaba harto…
—Por supuesto. Y hemos subido mucho, pero todavía no estamos fuera de todo riesgo. Sin embargo, la primera misión era y es darle una esperanza a la gente. Salir del fondo, luego salir de la zona de descenso, luego alejarse de la zona de descenso. Hubo un cambio drástico y muy rápido, sí, porque los jugadores están con una disposición absoluta a recuperar su nivel y a pasarla bien.
—¿Se puede pasar bien luchando por salir del descenso?
—El jugador lo pasa mal cuando está peleando el descenso, lo pasa mal cuando pierde. De llega a la casa, está con la familia, pero por dentro tiene una espinita clavada por el orgullo del futbolista de estar en una mejor posición. Ahora estamos en otra parada, pero sabemos que el fútbol es veleidoso, hay que mantener mucho de lo que estamos haciendo, en cuanto a la parte táctica, y al espíritu y la convicción.
—Punto alto en la campaña fue el 3-0 sobre la UC. También le ganaron a O’Higgins, a la U. de Conce y Cobresal, de visita.
—Y antes habíamos ganado un partido fundamental a Limache, del local, porque era el momento de no quedar atrás. Luego vino la Copa Chile, que la encaramos para encontrar el equipo y darle un sello táctico. Esos resultados hicieron cambiar de la noche a la mañana el ánimo, la esperanza de un plantel y de una ciudad completa. No es lo mismo estar seis meses sin ganar que ganar partidos seguidos.
—Y partidos pesados.
—Así es. Uno no se da cuenta cuando está adentro, tan imbuido en el rendimiento, en entrenar, jugar, en buscar una muy buena relación con el plantel, con la gente… Es el lado agradable y bonito, que no siempre es así. No sabemos qué va a pasar mañana, pero nos transformamos en un equipo competitivo.
El recorrido
Díaz va a completar 26 años con el buzo de DT. “He tenido una continuidad laboral importante en Primera División, con varias buenas y algunas malas, pero más de las buenas. La carrera del técnico es complicada: si no ganas en un tiempo determinado, desapareces. En este trayecto han ido variando los sistemas de entrenamiento, el lenguaje de la cancha, la alimentación… Lo importante es que el técnico, más que actualizarse, vaya mejorando”.
Y profundiza: “La relación con los jugadores también cambia, porque tú vas cambiando. Soy más grande, no tengo 38 años como cuando empecé; en ese momento era más cercano al jugador, ahora tengo que hablar más como papá o tío… Tienes que adaptarte, te tiene que gustar la música actual, porque la escuchas todo el día y tienes que hablar de eso. Hay cambios, algunos para bien, otros para mal”.
—¿Qué le falta a su carrera?
—Estoy súper contento con mi carrera, tengo campeonatos, finales, muchos equipos clasificados a copas, me han elegido varias veces el mejor… Estando en la cancha soy feliz. Ha sido una buena carrera, pero no me gusta hablar mucho de mí; los chilenos lo encontramos altanero, es mejor que te mande un currículo y lo publicas.
—Pero no está mal reconocer lo conseguido.
—Sí, por eso digo que estoy contento. Tantos años dirigiendo significa que uno lo ha hecho bien. ¿Por qué no llegué a un equipo grande? No soy quien tiene que responder. Yo me preocupo de rendir, de sacar rendimiento; he tenido equipos con la mejor delantera, equipos con la mejor defensa, a veces más ofensivos, a veces menos y a veces más pragmáticos, porque también hay que sacar resultados en momentos difíciles. Ahora, en los últimos años, he ido evolucionando, con mucha dinámica en las transiciones. Hay variantes que sí son importantes en la carrera. Y estoy bastante conforme. Está todo en las estadísticas, no las quiero mostrar, pero son estadísticas buenas”.
—¿Siente que se encasilla mucho a un entrenador?
—Claro. Recuerdo la U. de Concepción en 2003, con Jorge Valdivia, Jean Beausejour, equipo absolutamente ofensivo. Cobreloa finalista de 2004 fue un equipo sólido. Unión Española campeón en 2005 fue un equipo con mucho gol, Ñublense bastante de todos… Estamos hablando de equipos que lograron cosas, que clasificaron a copas o pelearon un campeonato. Con Coquimbo clasificamos a torneos internacionales, con la Unión… vamos a jugar ‘Chaguito’ Morning, a Coquimbo hace poco… Son varias”.
—¿Se ilusiona con clasificar a un torneo internacional?
—Todo va fluyendo. Cuando el equipo está bien, empieza a jugar, está convencido y juega bien, gana. Y gana y gana. Es como cuando entras a un resort, ves palmeras, más palmeras y dices ‘mira, qué bonito’. Ganas y sales del descenso; ganas y ganas y ya se abre el apetito. Pero como somos grandes, también sabemos que algún día vamos a perder”.
Fuente: El Mercurio
Fotografía: Radio ADN.
